RECONCILIACIÓN

02 de Febrero 2015
 MD SECRETARIA PSMDP
RECONCILIACIÓN
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La confesión es el sacramento a través del cual recibimos el perdón de nuestros pecados, por medio de la absolución del sacerdote, si nos confesamos arrepentidos. 

 

 

No hay nada que no pueda ser perdonado por mediación del sacerdote si hay verdadero arrepentimiento y deseo de enmienda. Se lo llama también sacramento de la penitencia y reconciliación porque realiza los tres actos de la virtud de la penitencia:

  1. Conversión,
  2. Arrepentimiento, y
  3. Reparación de los pecados cometidos,
    1.  además concede al pecador el amor de Dios que lo reconcilia con Él.

Este sacramento se compone de dos partes:

  1. Los actos del que quiere convertirse inspirado por el Espíritu Santo para arrepentirse de sus pecados confesándose y proponiendo ofrecer una satisfacción por ellos.
  2. La acción de la Iglesia en nombre de Jesucristo que a través del sacerdote concede el perdón, impone la penitencia y ora por el pecador.

 

 

El examen de conciencia consiste en recordar los pecados cometidos luego de la última confesión bien hecha.

Para que sea bien realizado es necesario pedirle a Dios que nos ilumine y nos ayude a recordar todas las ofensas que le hemos hecho a Él y repasar todos los mandamientos como ayuda para la memoria y así saber contra cuál de ellos hemos pecado.

Propósito de enmienda: es la resolución de nunca más ofender a Dios. Puede ayudarnos a obtener un verdadero arrepentimiento pensar o reflexionar en la Pasión y Muerte de Jesucristo por nosotros y en los males y castigos que nos vendrán por el pecado…

Confesión de boca: es manifestar los pecados cometidos al confesor con intención de recibir la absolución. Tenemos obligación de confesar solamente los pecados mortales aún no confesados aunque también es provechoso confesar los veniales, ya que el confesor nos puede dar una dirección espiritual para guiar nuestra alma hacia la santidad.

Por si se olvida algún pecado grave de confesar, es bueno terminar pidiendo perdón por todos los pecados que pudieran olvidarse, así el alma queda más tranquila.

Los que se confiesan mal cometen sacrilegio quedando con la obligación de confesarse de los pecados que confesaron, de los que callaron y del sacrilegio cometido, porque se le ha faltado el respeto a un sacramento que es algo sagrado.

 

Penitencia: es la pena que nos pone el confesor para ir pagando la pena temporal que debemos por nuestros pecados. Por lo general son oraciones u obras buenas que debemos hacer.

También es beneficioso para nosotros que hagamos obras de penitencia por nuestra cuenta, como dar limosnas, hacer oraciones, ayunos, favores, sacrificios, leer la Santa Biblia, etc.

La penitencia debe cumplirse cuanto antes para que no haya riesgo de olvidarse de cumplirla, pero si luego de confesarse hay oportunidad inmediata de comulgar, no hay ningún problema de hacerlo y cumplir la penitencia luego.

Conversión: es la lucha continua contra la mala inclinación hacia el pecado, lo que se llama concupiscencia.

La confesión da el perdón de los pecados pero no suprime la inclinación hacia el mismo.

La conversión interior es la reorientación total de la vida dirigiéndose espiritualmente en dirección contraria hacia donde se estaba marchando teniendo una gran resolución por cambiar la vida.

La eucaristía sirve de fuente y alimento para la conversión diaria ya que es un antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas preservándonos de pecados mortales.

La conversión exterior es cuando hacemos ayunos, mortificaciones, etc. pero sin ningún deseo de enmienda.

Sigilo sacramental: todo confesor está obligado bajo penas muy severas a guardar el más absoluto silencio acerca de los pecados que han confesado sus penitentes. Lo que se haya confesado queda bajo el sello del silencio sellado para siempre.

La confesión da tres gracias especiales:

  1. Nos devuelve o aumenta la gracia santificante
  2. Nos da fuerzas especiales para rechazar todas las tentaciones y
  3. El pecado nos da antipatía y asco por todo lo que sea ofensa a Dios

Para recibir dignamente el sacramento de la confesión es necesario que se den cinco condiciones:

  1. Examen de conciencia
  2. Arrepentimiento de los pecados
  3. Propósito firme de dejar de pecar
  4. Confesión con el sacerdote
  5. Cumplimiento de la penitencia impuesta por el confesor 

 

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